Las primera confrontación de lenguas en prensa
Resulta frecuente hoy encontrar en los medios de comunicación informaciones sobre choques lingüísticos tanto en España como como en el extranjero. Aunque muchos puedan creer que es un fenómeno propio de nuestros tiempos, lo cierto es que se remonta mucho tiempo atrás. El primer desencuentro en prensa del que tenemos constancia data de mediados del siglo XVIII y aparece en el Diario Pinciano, que editaba en Valladolid el mejicano José Mario de Beristain, donde podemos ser testigos del enfrentamiento entre un castellano que ha desplazado al latín y un vascuence que de pronto hace su aparición en la Universidad de Valladolid.
Los medios de comunicación social con inquietante regularidad nos informan acerca de que en tal Comunidad Autónoma española, como también en muchos otros países extranjeros, el choque de lenguas es demasiado frecuente y noticioso. Sin embargo, en contra de lo que se pueda creer, no es un fenómeno exclusivo de nuestros tiempos. Se remonta al pasado, según lo podemos detectar a través de testimonios muy diversos: piezas teatrales -el bufón de turno que no sabe hablar castellano- prensa, etc.
"Don José Mariano de Beristain, clérigo diácono, natural de Puebla de los Ángeles en la América, de edad de 34 o 36 años [había nacido en 1756, tenía exactamente 31 años], doctor Teólogo de la Universidad de Valencia, y Catedrático de Instituciones Teológicas de la esta ciudad [Universidad de Valladolid] de mediana ilustración en la que se hace más sobresaliente, por su abundante verbosidad y locuencia. Que el concepto en que está tenido según su porte y conducta es de un genio orgulloso, marcial al estilo del tiempo, de costumbres nada serias ni conformes a su estado. Y esto mismo es lo que de público y notorio tengo yo también entendido [en cursiva, lo subrayado por el calificador de la Inquisición Central] (...)".
Aparte de esta descripción -Beristain andaba por la treintena entonces- después de mucho rebuscar, incluso en Méjico - de dónde procede el retrato adjunto- podemos contar con una imagen suya; pero ya de edad madura y después de haber sufrido probablemente un ictus. Desde luego ya no es el mozo desenvuelto y "marcial" que recogen los documentos inquisitoriales.En cuanto al tema central que nos ocupa, la dialéctica ínter-idiomática: un latín en retirada, frente al castellano en expansión, que ya sido capaz incluso de ser predominante en la enseñanza superior, y un vascuence que de forma madrugadora e inesperada hace acto de presencia en la misma Universidad de Valladolid; razón noticiosa por la cual salta a las páginas de un periódico por vez primera.
Antes de entrar en el grueso del debate entre lenguas vernáculas, veamos una prueba más de la resistencia numantina del latín frente al castellano. Para entender la reseña que Beristain inserta en el Diario Pinciano, debemos tener presente que en la época en conferencias, disertaciones y demás actos académicos es tradición -arrastrada desde el medioevo- que la "Dedicatoria" se siguiese haciendo en latín; sin embargo, el análisis o demostración ya en castellano, y las "Conclusiones" generalmente en castellano, aunque parte podían serlo también en latín:
"Hay una Dedicatoria en Castellano a una Señora, que a más de fastidiarse de que la Señoréen tanto [‘A la Muy Ilustre Señora, mi Señora, a la Señora Doña, etc. que son cuatro Señoras'], no queda airosa con que todo el Mundo sepa que no entiende la lengua latina, habiendo en España tantas Damas que la poseen. A mas que ¿cómo ha de apreciar el Don de las Conclusiones puestas en latín, cuando se la supone tan lega? Por fin, Tesis en latín y Dedicatoria en Castellano forman un Cuerpo monstruoso (...) y semejante estilo no tiene apoyo alguno entre los hombres de gusto y condición" (Diario Pinciano, 18 de abril de 1787).
Observación tangencial, aunque muy oportuna, es llamar la atención de cómo Beristain, en el texto que antecede, reconoce la existencia de muchas damas que saben latín; es decir, para los parámetros de la época, mujeres cultas.
Sin embargo, en esta diatriba entre lenguas, lo que realmente subleva a Beristain es una extemporánea y madrugadora dedicatoria en vascuence, con la finalidad expresa de que el periodista no la entienda -ruido comunicacional- y no le pueda hacer la correspondiente crítica. Este es el primer caso, en la temprana época de la segunda mitad del XVIII (1787), cuando la prensa se halla aun en estado embrionario, en que un choque idiomático salta a la prensa. En este caso, se pretende (in)utilizar la lengua vernácula como instrumento de incomunicación:
"La Dedicatoria de este Acto es original. Está en Bascuence [sic] acaso para que el Diarista [Beristain] no la entienda, ni censure o porque el Actuante [Domingo Cincunegui] cree que la Virgen Santísima de la Hermita [sic] de Izascum no entiende latín. Esto es blasfemia y lo otro necedad. Pues cuando no hubiera Diccionarios y Gramáticas de las Lenguas, faltaría en Valladolid quienes entendiesen el Bascuence y tradujese la tal Dedicatoria y aun la hiciese añicos? Por gracia puede pasar esta; pero semejante mamarrachada no debe imitarse. La lengua latina no puede no puede ceder a la Bascuence el lugar que goza en las Escuelas [Universidad]; y solo ella es la que usa la Santa Iglesia, para ofrecer sus votos a Dios y los Santos. Y ya que se quiere huir del camino real ¿por qué no se puso la Dedicatoria en Hebreo o Griego? Esto sería útil ¿mas en Bascuence? ¡Oh extravagancia! ¡Oh pedantismo! ¡Oh intolerable bobería! "(Diario Pinciano, 9 de mayo de 1787).