Queridos Harry, Frodo y Shrek
Me da la sensación de que se han rendido antes de tiempo a su capacidad para emocionarse, para la admiración, a su posibilidad de volver a ser niños.
Queridos amigos: Uno de vosotros ya había entrado en el mundo de mis sueños hace más de veinticinco años de la mano de Tolkien.
No es fácil que lea libros de un tirón, aunque si es cierto que no me duran mucho en la estantería, y que prefiero en la mayoría de los ocasiones aquellos que sobrepasan las quinientas páginas a otros más cortos -posiblemente para no tener que pensar mucho cuál va a ser el próximo libro de mi mesilla-. Pero las aventuras de Frodo junto con Pippin o Merry, entre otros, ayudados por la mano experta de Gandalf me introdujeron en la Tierra Media, rodeado de elfos y defendido por Boromin frente a los intrusos de la zona oscura.
Una zona oscura, sin embargo, que no se queda lejos de las Artes Oscuras que tantas penalidades han causado en los alumnos de Howarts durante toda la aventura ideada por su autora. Lástima que de mis once cumpleaños hayan pasado ya varios lustros, porque sino hubiera confiado en que alguna lechuza me hubiera traído carta del director del colegio esperando la invitación a sumarme al primer curso con Harry, Ron y con Hosmione. Sé que soy un Muggle, como tus tíos, amigo Potter, y que nunca podré jugar al quiddish ni subirme en una escoba mágica, y menos en una de esas que está causando admiración en el mercado de Hogsmeade.
De todos modos, amigos Harry y Frodo, Ya-sabes-quien se me aparece de diversas maneras y en diversas formas, y tengo que valerme de las artes de mi Dumbledore particular -que a veces lo encuentras a tu maestro en un libro, en una canción, en un amigo o en una sonrisa- para evadirme de sus hechizos, sin embargo, ese ‘Expectrum Patronum' que he aprendido en uno de los cursos está siendo de gran utilidad para luchar contra mis dementores particulares, porque el mundo de la realidad no es tan ajeno al mundo de los sueños. Y no hay animagos, pero a más de uno le gustaría convertirse en ellos, y todos hemos tenido de profesor a un cascarrabias Snape y un Hagrid en los que hemos ido a llorar las lágrimas que nos dejaron algunas decepciones o algún amor no entendido.
Me dio gran alegría conocer que casi simultáneamente, en la gran pantalla, se unió a vosotros dos, Shrek.
No entiendo, amigos, sin embargo a todos aquellos adultos que se empeñan en afirmar que vuestras aventuras son literatura infantil -o animación en el caso de este ogro verde algo cascarrabias-. Me da la sensación de que se han rendido antes de tiempo a su capacidad para emocionarse, para la admiración, a su posibilidad de volver a ser niños, a reírse con una sonrisa sana y sorprendente. Quizá es que ya se han convertido en ese Lord Voldemont, que quizá todos también tengamos dentro, o que el viejo jedi no haya calado lo suficiente en su vida y no tengan capacidad para la improvisación y para luchar contra sus permanentes «sufrimientos».
Harry, Shrek, Frodo.... espero que todos esos mayores salten el muro y que con un poco de suerte «roben» el libro que regalaron a sus hijos pensando que eran cuentos.... sí, sí, cuentos. ¡Ay si ellos supieran!
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