Reconocimiento al Filandón en la muerte de un narrador
Antonio Pereira, narrador singular, de verbo ajustado y pensamiento
irónico, se ha ido precisamente cuando el Ayuntamiento de León pretende
conseguir que la Unesco declare los filandones Patrimonio Intangible de
la Humanidad
Cuando las noches eran largas y densos los días de lluvia y nieve. Cuando la distracción surgía en el silencio propio o de la locuacidad compartida. En los tiempos olvidados o ni siquiera conocidos, en los que ni rayos catódicos ni hondas hertzianas interferían en la comunicación personal, las gentes se reunían y se contaban historias. En la mayoría de las ocasiones eran relatos de la propia vida. Aquellas vivencias eran recreadas con mayor o menor imaginación, con verbo más certero o lenguaje florido. No siempre la historia había sido vivida en primera persona, así que a la larga llegaban a confundirse en aquellos relatos la realidad y la ficción, los nombres de los protagonistas y hasta las fechas de lo narrado.
El proceso es tan universal y antiguo como la existencia del hombre. En León, tal vez por las características de un clima invernalmente duro, quizás simplemente por la palabra que define circunstancias y hechos, lo cierto es que aquellas reuniones en torno al brasero, con porrón de vino a un lado para evitar el calor de la lumbre, han pasado a formar parte del acerbo cultural más arraigado. Filandón es la palabra que define aquellos encuentros y es asunto que ahora se quiere elevar a las más altas instancias del reconocimiento universal. Es curioso, porque tal apuesta ha venido a coincidir con la pérdida de uno de los grandes contadores de historias, un hombre universal que nunca quiso salir de su tierra, el leonés Antonio Pereira, enterrado esta semana en su Villafranca natal.
Es así que el Ayuntamiento de León quiere que la tradición de los filandones sea elevada al reconocimiento universal y, consecuentemente, se ha empeñado en lograr de la Unesco la declaración de Patrimonio Intangible de la Humanidad. Consciente de que la práctica es universal, en el Filandón se quieren reconocer también singularidades de otras culturas en esto del contar y compartir ficciones o realidades. Así que la concejala capitalina del área de Cultura, Evelia Fernández, ha invitado a grupos de Rusia, Turquía o Palestina a que vengan a León la primera semana del mes de mayo con el fin de participar en estas veladas. No habrá brasero, el calor será transmitido por radiadores alimentados por agua calentada con petróleo, pero sin duda el Salón de los Reyes de la vieja Casa Consistorial recobrará el mejor espíritu de la comunicación entre razas y culturas y se podrá comprobar que aquello que une es más grande e importante que lo que separa a los hombres.
Lamentablemente no podrá participar Antonio Pereira en el Filandón del día 5 de mayo. Seguro que será recordado por otros escritores y amigos y que el espíritu locuaz, irónico y socarrón de Pereira sobrevolará la estancia. Uno de sus amigos, Antonio Gamoneda, laureado con el Premio Cervantes, recordaba la voz de Pereira como una de las grandes pérdidas que se han ido con el poeta. Lamento compartido por otro de los grandes de las letras no ya leonesas, sino universales, Victoriano Crémer, también narrador de voz vibrante y verbo ajustado en los filandones en los que participa. Crémer, a sus 102 años, relata así la ausencia de Pereira: "Hasta que llegó a este sábado del año infeliz del 2009 y el grandísimo poeta y el novelista de gran aliento y el milagrero creador de mundos diferentes, sintió que algo se le clavaba en el alma y se dejó morir. Y no se me ocurrió otra condolencia que la inspirada por mi cariño: Coño, Antonio, mira que te tenía dicho que no te murieras tan pronto y que esperaras a que yo inaugurara el trance para que tú me dijeras unas pocas palabras de despedida final".
El hombre que juzgaba la vida como "un cuento de miedo" y para quien la sabiduría era definida como un proceso para "salir con decoro de la aventura que es vivir", no cabe duda de que ha conseguido su ambición. En los próximos filandones habrá una silla vacía difícil de ocupar.
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