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El satélite mesetario

Julián Ballestero - / /
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A ningún ‘brother’ astrónomo yanqui se le ha pasado por la cabeza instalar una enorme lente interestelar para calibrar la Calidad de la Administración o el crecimiento de los Precios de los Alimentos

Castilla y León necesitaba con urgencia colocar un satélite en el espacio para demostrar que la distancia entre Cabo Cañaveral/Houston y Valladolid/Boecillo se ha acortado al mínimo en la última década. La proyección a nivel mundial de la Comunidad autónoma como verdadero emporio de la investigación espacial requería de un instrumento que centralizase toda la información recabada desde las cúpulas del Duero y el batallón de observatorios de toda índole que se han ido instalando a lo largo y ancho de la meseta.

El astronauta Pedro Duque, con ‘su' empresa Deimos Imaging, lanzará en dos semanas el satélite desde Kazajstán y una antena del parque tecnológico vallisoletano recibirá todos datos sobre terremotos, incendios e inundaciones en la Tierra.

A los norteamericanos y a los rusos (dueños de la plataforma de lanzamiento en Baikonur) no podemos vencerles por ahora en número de satélites (uno contra varios miles), pero los castellanos y leoneses les damos sopas con honda en el apartado de cúpulas (Soria, Valbuena, Toro, Arribes y Burgos) y, sobre todo, vencemos por goleada en número y profundidad de observatorios.

A ningún továrich científico ruso se le ha ocurrido montar un observatorio del Autogobierno como el que acaba de poner en marcha aquí el PSOE de Óscar López, con el apasionante cometido de medir al milímetro el cumplimiento del Estatuto de Autonomía; y a ningún ‘brother' astrónomo yanqui se le ha pasado por la cabeza instalar una enorme lente interestelar para calibrar la Calidad de la Administración o el crecimiento de los Precios de los Alimentos. En Castilla y León conviven catalejos institucionales asomados a cometidos tan diversos como la tasación de las variaciones en la demografía, el recuento de los casos de violencia de género, la gestión del conocimiento, los riesgos laborales, las agresiones al personal sanitario o el abuso de las drogas.

La proliferación de observatorios regionales ha sido completada con un amplio despliegue de atalayas de carácter provincial, de forma que a estas alturas del siglo XXI puede afirmarse que nada de interés humano escapa al ojo de los observadores castellanos y leoneses, que prácticamente son siempre los mismos: los líderes del PP y del PSOE, de CCOO y UGT, de Cecale y de las universidades. Personajes altamente cualificados, que de alguna forma consiguen hacer guardia al mismo tiempo en decenas de torres de observación. ¡Que tiemblen Baikonur y Houston: Castilla y León está a punto de desvelar el misterio de la ubicuidad!


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