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El Silicom Valley de las renovables

Fernando Aller - / /
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La apuesta del presidente de Renault ha suscitado el mismo entusiasmo que recelo, y no es porque Castilla y León no esté necesitada del apoyo público en proyectos de futuro

El presidente de Renault en España, Jean Pierre Laurent, ha lanzado un mensaje que si no fuera por lo escaldado que está el personal ante este tipo de anuncios, habría suscitado en Castilla y León el mayor gozo que en estos momentos de crisis se pueda concebir. El gabacho ha dicho que la firma que representa estaría dispuesta a liderar la creación de un polígono industrial en Valladolid dedicado al desarrollo de cuanto tenga que ver con las energías renovables, a pesar de que el Gobierno de la nación ha limitado en gran medida la capacidad de decisión de las autonomías en esta materia. Tal vez por esta razón ha precisado también que el ambicioso proyecto no se podrá llevar a cabo sin el concurso del Ejecutivo español.

Cuenta Ical que Laurent precisó, en una reunión con periodistas de esta agencia de noticias, que el proyecto es muy ambicioso y que otras empresas multinacionales también estarían dispuestas a participar en la iniciativa. "Sería interesante crear en un sitio de España un Silicom Valley de energías renovables". Laurent añade que su apuesta mira hacia Valladolid, y más concretamente a una parte de los terrenos que la multinacional francesa del automóvil tiene en la capital del Pisuerga y que estaría dispuesta a vender a la Junta o "a quien sea".

Resulta evidente que Valladolid reúne en estos momentos unos atractivos incuestionables. Excelentes comunicaciones (a menos de una hora de Madrid en el AVE, tiempo que tardan muchos madrileños en llegar al trabajo en su propia ciudad) mano de obra barata y de calidad, al contar con profesionales que generan también las universidades de León y Salamanca, y todo el espacio que se quiera para crecer. Además, sabido es que las grandes empresas están intentando en estos momentos asentarse fuera de Madrid y en zonas bien comunicadas, con el fin de favorecer una mayor estabilidad de las plantillas.
Sin embargo, las palabras de Laurent suscitan a la vez algún recelo. En primer lugar por la actitud chantajista esgrimida hace unos meses. El presidente de Renault abrió el pasado mes de octubre su cartera vacía e invitó a las administraciones españolas y trabajadores a depositar un voluminoso donativo, para evitar que la firma del rombo se trasladara a Eslovenía, un país de apenas tres millones de habitantes con el que, dijo, ya había llegado a un acuerdo. El tono, el estilo, recordaba las prácticas que los italianos han llevado a cabo en León con una empresa farmacéutica en los últimos años.

Porque el proyecto no es gratis. Lo pagaremos todos con nuestros impuestos. Estas empresas ya no saben lo que es invertir con sus propios recursos. La globalización económica y la amenaza de llevar a cabo la instalación en países con la mano de obra mucho más barata, nos sitúan en una posición de sometimiento de impredecibles consecuencias. Es el signo de los nuevos tiempos. Por eso es preciso asegurase de que este tipo de iniciativas responden a propuestas bienintencionadas y no a prácticas de trileros.

Las garantías exigidas y los recelos esgrimidos con constituyen, sin embargo, una posición escéptica o negativa. Todo lo contrario. Es una exigencia de alerta en el empleo del dinero público, que a su vez no cumpliría con mejor cometido que financiando proyectos de futuro en una zona tan reconocidamente atrasada como es la España del Noroeste.


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