Somos más, somos menos
España crece, ya supera los 46 millones de habitantes gracias a los cientos de miles de inmigrantes acogidos en nuestro país. Castilla y León también crece, y gana 24.884 ciudadanos en 2007, hasta los 2.553.301, lo que supone un incremento del uno por ciento en relación con el año anterior, nueve décimas menos que el aumento en el total del país.
Sin embargo, las cifras también nos dicen que si se descuenta la población extranjera (153.435 empadronados, un aumento del 28.1 por ciento en relación con el año anterior), Castilla y León habría perdido 8.770 habitantes en su padrón.
Contamos con el mejor dato en números absolutos desde hace más de diez años, también con el mayor número de población extranjera desde siempre. Son ellos precisamente los que nos han ayudado a crecer, los que han aumentado las cartillas de la seguridad social y los que han permitido superar con holgura los dos millones y medio de ciudadanos y en un debate político permanente donde está primando el número de habitantes sin contar la dificultad de acceso a los mismos, es importante que se vaya sumando.
Contamos con el mejor dato en números absolutos desde hace más de diez
años, también con el mayor número de población extranjera desde
siempre.
Ello también ha llevado a que una región especialmente envejecida respire y se encuentre con que la media de edad aunque muy lentamente se rebaje un poco.
Mientras parece que todos tenemos claro la ayuda que nos están prestando nuestros conciudadanos procedentes de otros países –especialmente europeos del Este y sudamericanos, que son los que encabezan el ranking de inmigración-, nuestros sesudos políticos debaten sobre la manera más fácil de eliminarlos en tiempos de crisis: una propuesta económica que apacigüe su regreso a un país de origen que en términos económicos está todavía muy por debajo del nuestro y donde eso que se llama ‘calidad de vida’ se encuentra a años luz de la que pudieran vivir en España. Lamentable que esto suceda en pleno siglo XXI y con un gobierno socialista. Pero esto también pasa en las empresas, cuando la recesión amenaza, la solución es recortar el gasto, y el gasto es menos personal, nunca el trabajador es cuantificado como inversión para solventar una situación de estancamiento económico.
Cuando vemos números en lugar de personas algo va mal. No lo duden.
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