Sueldos y políticos
Los más cuestionados son siempre nuestros legisladores: de las Cortes regionales, de las Cortes generales. El sistema de partidos y la no existencia de listas abiertas ha logrado que algunos de ellos sean remunerados por apretar un botón
Que sus señorías se congelen los sueldos -no han hecho más que subírselos año tras año- o lo hagan los consejeros autonómicos es el chocolate del loro. Eso sí que puede ser una auténtica cortina de humo para evitar valorar el trabajo que desarrollan. El sueldo de los políticos es un tema menor respecto a las políticas que adoptan, que es lo verdaderamente importante. Cuando estamos hablando de presupuestos de miles de millones de euros que mueve cada Consejería o cada Ministerio e incluso algunas concejalías de Fomento u Obras Públicas, unos cuantos miles de euros al año por cesar a cuatro consejeros no va a mejorar ninguna balanza, cuando además continuarán en todos los puestos el resto de altos cargos.
Y qué hablar del Congreso de los Diputados, donde deberían tener una auditoría al final de cada legislatura para valorar y comprobar la eficacia del trabajo de nuestros ilustres diputados y senadores, ahí sí que estaría bien establecer el salario según el rendimiento.
Porque si en cuatro años han logrado que cobren la pensión máxima cuando se jubilen -sea cual fuera su ocupación anterior- se han llevado además un salario que no baja de los cinco mil euros cada mes, más unos cuantos extras, que pueden suponer otros cientos de euros, es de esperar que admitieran también ese ligero seguimiento de sus actividades.
El debate sobre el sueldo de nuestros políticos es permanente, y casi siempre hay opiniones encontradas, pero sobre todo la discusión surge porque se espera mucho más de lo que hacen y entonces el dinero que cobran parece a todas luces exagerado. Pero en estos casos hay excepciones y los trabajos no son los mismos.
Siempre he creído que el alcalde de una ciudad como Burgos debería tener una remuneración acorde al director general de la mayor empresa de la ciudad. Y aunque es alto, porque en este caso cobra como diputado, y ha renunciado a lo que le corresponde como alcalde, aún hay notables diferencias. Al igual que un Ayuntamiento como el burgalés debería contar con un mayor número de concejales liberados, tanto del equipo de gobierno, como de la oposición. Los primeros para alcanzar más recursos e intentar mejorar la gestión, los segundos para seguir el trabajo de los primeros y aportar ideas y alternativas reales, creíbles y honradas.
Lo mismo ocurre con el resto de puestos ejecutivos, en la región o en la nación. Rodríguez Zapatero debería ganar, al menos, lo que obtiene el funcionario de más alto rango del país, no voy a decir ya lo del consejero delegado de algún banco, pero quizá debería, y todavía hay una gran distancia, a pesar de que el presidente vive con los gastos pagados, pero su responsabilidad y sus decisiones repercuten -¡y cómo!- sobre cuarenta millones de personas.
Los más cuestionados son siempre nuestros legisladores: de las Cortes regionales, de las Cortes generales. El sistema de partidos y la no existencia de listas abiertas ha logrado que algunos de ellos sean remunerados por apretar un botón e incluso que dé lo mismo que sean elegidos al Congreso al Senado, o intercambiables en una comisión o en otra. Bono lo que tendría que hacer es que cada uno de esos inimitables próceres sacaran las castañas del fuego de esta España nuestra.
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