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Tengo una pregunta para... ¿Obama?

Fernando Aller - / /
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La palabra crisis fue la más pronunciada por Zapatero, pero siempre muy próxima a otras dos que definen la obamanía actual: esfuerzo colectivo y esperanza.

Obama tampoco descubrió el universo en el reparto de responsabilidades. Se ha limitado a hacer un remake de Kennedy cuando dijo aquello de no preguntes qué puede hacer América por ti, sino qué puedes hacer tú por América. Obama ha recuperado con gran éxito aquella soflama política y ha pedido a los americanos esfuerzo, sacrificio y esperanza para superar una crisis que no se arregla con bombas, sino con buenos propósitos.

Como corresponde cuando se adelanta el líder del imperio, el resto de los gobiernos del mundo se han apuntado al mismo mensaje con fruición. Zapatero lo escenificó bien en Televisión Española ante más de seis millones de españoles en el programa "Tengo una pregunta para usted". Un total de 25 ciudadanos tuvieron la oportunidad de hacerle una pregunta al presidente del gobierno español. Los 75 restantes de los cien convocados como improvisados periodistas de una rueda de prensa igualmente singular, se quedaron con las ganas porque el presidente del gobierno español es siempre denso y alambicado en sus respuestas. Existe un viejo truco que los políticos avezados utilizan en sus comparecencias con los periodistas: Ofrecen respuestas tan densas que anulan la capacidad de réplica del auditorio, bien por falta de tiempo o por agotamiento de quien escucha, cuando no por simple docilidad. (Hoy día los periodistas se pasan las horas recorriendo rastrojeras en busca del "corte" grabado que justifique el rally diario).

Pero si a Zapatero le falta el don de la simplificación que esgrime Obama, en lo que sí parecía clónico del nuevo inquilino de la Casa Blanca ha sido en la puesta en escena. Espigado y con traje también oscuro, abandonó desde el principio la mesa que le podía servir de parapeto para ocultar previsibles inseguridades ante las preguntas más comprometidas.

Así, a quienes realizaban las preguntas más incómodas o con la respuesta menos estudiada, Zapatero les respondía con tratamiento impersonal o de usted, mientras que ante las preguntas esperadas esgrimía artes de mayor proximidad y camaradería, recurriendo al tuteo y al nombre de pila.

Quería dejar también muy claro que no utilizaba chuletas para responder, las notas que le pudieran pasar sus asesores a través de pantallas y otros artilugios que para sí quisieran los alumnos menos aplicados en sus exámenes. Y todo eso lo consiguió. La puesta en escena fue perfecta y, a tenor de la encuesta posterior realizada por la agencia Efe, la mayoría de los españoles otorgaron el aprobado al presidente. No se puede pedir más.

Como si se tratara de un exorcismo, la palabra crisis, sin paliativos, fue la más pronunciada, pero siempre muy próxima a otras dos que definen la obamanía actual: esfuerzo colectivo y esperanza.

La palabra esfuerzo en el ámbito político español requiere un comentario aparte. Es frecuente que los gobernantes españoles (en todos los niveles, sin excepción) cuando invierten el dinero que las administraciones recaudan de los impuestos, hablen del "esfuerzo" que hacen personalmente o el gobierno que representan. Ocultan que el esfuerzo lo hacen los ciudadanos que pagan impuestos, el político simplemente administra ese esfuerzo, y no siempre con buenos resultados.

En todo caso, hay que reconocer la habilidad por trasladar a la sociedad, incluidos los más de tres millones de parados que hay en España, la responsabilidad por la crisis que no provocaron pero que sí padecen. Nada nuevo tampoco. Ya se sabe que el éxito tiene mil padres y la derrota siempre es bastarda.

 


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