Tengo una pregunta para... ¿Obama?
La palabra crisis fue la más pronunciada por Zapatero, pero siempre
muy próxima a otras dos que definen la obamanía actual: esfuerzo
colectivo y esperanza.
Obama tampoco descubrió el universo en el reparto de responsabilidades. Se ha limitado a hacer un remake de Kennedy cuando dijo aquello de no preguntes qué puede hacer América por ti, sino qué puedes hacer tú por América. Obama ha recuperado con gran éxito aquella soflama política y ha pedido a los americanos esfuerzo, sacrificio y esperanza para superar una crisis que no se arregla con bombas, sino con buenos propósitos.
Como corresponde cuando se adelanta el líder del imperio, el resto de los gobiernos del mundo se han apuntado al mismo mensaje con fruición. Zapatero lo escenificó bien en Televisión Española ante más de seis millones de españoles en el programa "Tengo una pregunta para usted". Un total de 25 ciudadanos tuvieron la oportunidad de hacerle una pregunta al presidente del gobierno español. Los 75 restantes de los cien convocados como improvisados periodistas de una rueda de prensa igualmente singular, se quedaron con las ganas porque el presidente del gobierno español es siempre denso y alambicado en sus respuestas. Existe un viejo truco que los políticos avezados utilizan en sus comparecencias con los periodistas: Ofrecen respuestas tan densas que anulan la capacidad de réplica del auditorio, bien por falta de tiempo o por agotamiento de quien escucha, cuando no por simple docilidad. (Hoy día los periodistas se pasan las horas recorriendo rastrojeras en busca del "corte" grabado que justifique el rally diario).
Pero si a Zapatero le falta el don de la simplificación que esgrime Obama, en lo que sí parecía clónico del nuevo inquilino de la Casa Blanca ha sido en la puesta en escena. Espigado y con traje también oscuro, abandonó desde el principio la mesa que le podía servir de parapeto para ocultar previsibles inseguridades ante las preguntas más comprometidas.
Así, a quienes realizaban las preguntas más incómodas o con la respuesta menos estudiada, Zapatero les respondía con tratamiento impersonal o de usted, mientras que ante las preguntas esperadas esgrimía artes de mayor proximidad y camaradería, recurriendo al tuteo y al nombre de pila.
Quería dejar también muy claro que no utilizaba chuletas para responder, las notas que le pudieran pasar sus asesores a través de pantallas y otros artilugios que para sí quisieran los alumnos menos aplicados en sus exámenes. Y todo eso lo consiguió. La puesta en escena fue perfecta y, a tenor de la encuesta posterior realizada por la agencia Efe, la mayoría de los españoles otorgaron el aprobado al presidente. No se puede pedir más.
Como si se tratara de un exorcismo, la palabra crisis, sin paliativos, fue la más pronunciada, pero siempre muy próxima a otras dos que definen la obamanía actual: esfuerzo colectivo y esperanza.
La palabra esfuerzo en el ámbito político español requiere un comentario aparte. Es frecuente que los gobernantes españoles (en todos los niveles, sin excepción) cuando invierten el dinero que las administraciones recaudan de los impuestos, hablen del "esfuerzo" que hacen personalmente o el gobierno que representan. Ocultan que el esfuerzo lo hacen los ciudadanos que pagan impuestos, el político simplemente administra ese esfuerzo, y no siempre con buenos resultados.
En todo caso, hay que reconocer la habilidad por trasladar a la sociedad, incluidos los más de tres millones de parados que hay en España, la responsabilidad por la crisis que no provocaron pero que sí padecen. Nada nuevo tampoco. Ya se sabe que el éxito tiene mil padres y la derrota siempre es bastarda.
Artículos del autor
- El Silicom Valley de las renovables
- La confusión deliberada del político
- La cata a ciegas del funcionario público
- Traspiés sin caída
- El dinero de todos
- Desmantelar el campo
- Alcaldes en los juzgados
- La mentira escrita
- Nazis en León
- Situar León en el mapa
- La identidad útil nace de la utilidad
- Horizonte despejado para el carbón
- Respeto en las aulas
- La espiral del chantaje
- Nacionalismos, escaleras de trepas
- Dos meses sin Crémer
- A la caza del CO2
- Carbón, el pato feo de la energía
- Prevaricación y cohecho
- A título póstumo
- El falso debate Papel versus Internet
- León, cuna del parlamentarismo
- Contrastes universitarios
- Niños, silencio
- La Europa agónica
- La llave como símbolo
- Europa en clave local
- Piratas de contenidos
- Aquella escuela
- La dificultad de escuchar
- Reconocimiento al Filandón en la muerte de un narrador
- Papel versus digital
- Espaldarazo Real
- Pasión singular leonesa
- El puente de la lengua
- Tópicos anticrisis
- Picos de Europa, para personas y animales
- Mal de altura
- Primeros excluidos
- Idiomas excluyentes para futuros excluidos
- Seattle, lección de eficacia
- Un cerebro vale más que un ladrillo
- Tengo una pregunta para... ¿Obama?
- El niño que alimentó al poeta
- El falso premio y otras falsedades
- El León literario busca el reconocimiento de la Unesco
- San Isidoro, número uno del Románico
- A pesar de todo, venturosos 2009
- Los 102 años del patriarca de los poetas
- Lo que haya de ocurrir que ocurra… ya
- Maravillas de León… y del mundo
- El reto de globalizar el Español
- La lectura, arma de felicidad
- El espectáculo de la violencia machista
- Seguridad informática y pesimismo
- Las últimas “chinas” españolas
- La niebla informativa
- Filandones en Nueva York
- León, capital literaria
- La Universidad de Washington, en palacio de reyes
- Y el sueño se hace realidad
- La riqueza del verbo
- La Catedral de León se hace música
- Sabero, el museo que recuerda un fracaso
- A Santiago de Compostela desde Brasil
- Brasil se entiende con Castilla y León
- Una disputa clarificadora
- La roja ... y gualda , de todos
- ¡Aprende español en Castilla y León!