Cuaderno de bitácora

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Tierra Santa

Antonio J. Mencía - / /
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Porque esta no es una guerra de buenos y malos, sino de vivos y muertos. Y son cada vez más los inocentes, los que huyen, los que desaparecen.

Quizá ha sido uno de los viajes más extraordinarios de mi vida. Tampoco soy de los que tiene la tarjeta de Iberia plus, así que no he escogido entre muchas alternativas, pero sí muy interesantes. Israel y Palestina forman un conglomerado de civilizaciones, de religiones, de historia, que es muy difícil entender lo que ocurre a lo largo y ancho de Tierra Santa. Es un Estado, el de Israel, totalmente militarizado donde los más pequeños ya aprenden a coger un fusil antes que a practicar las raíces cuadradas. En Palestina, la violencia de Hamas, ahora, y antes de otros grupos terroristas, ha hecho que su vida sea convulsionada y en ciudades por ejemplo como Belén hayan tenido que huir muchos cristianos. Pasear entre sus calles y plazas empinadas, comprobar como se encuentra un lugar de peregrinaje mundial ahora acosado por las bombas de uno y otro lado produce verdadera lástima y solo merece un homenaje para aquellos que custodian, a pesar del peligro que supone, los Santos Lugares.

No hay razones para tanta violencia en aquella Tierra, donde hace 2.000 años se habló tanto de paz. Urge una solución política que pocos creen que puede culminar en la separación territorial de dos estados independientes, que estarían continuamente a la greña, pero que parece ser la única vía de encuentro entre dos pueblos que son completamente distintos y donde además en el interior de los mismos las diferencias son si cabe más acuciantes.

Pero tampoco hay unidad en el mundo para que se produzca el final de esta guerra. En la ONU, Estados Unidos vetará cualquier resolución que afecte a la integridad del Estado de Israel, salvo que haya sido pactado previamente por estos, como el aislamiento en el que viven ahora los palestinos -la mayoría árabes-, donde van desapareciendo los asentamientos judíos, pero cada día se construyen más metros de muro. Por otro lado, los países árabes no dejan de ayudar a los palestinos hermanos en la fe de Mahoma. Son muchos los intereses que se mueven y en un lugar donde la vida no vale nada, el precio de la muerte de unos inocentes no alterará un movimiento general en contra de la violencia.

Siempre miramos a Tierra Santa, pero resignados a que el futuro continúe como hasta ahora, entre períodos de tregua y guerrillas, entre misiles y bombas, entre la resignación y la victoria. Porque esta no es una guerra de buenos y malos, sino de vivos y muertos. Y son cada vez más los inocentes, los que huyen, los que desaparecen.


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