Traspiés sin caída
La reacción de la Junta ha servido en esta ocasión para que un mal paso del Gobierno, al anunciar la supresión del Palacio de Congresos, se haya convertido finalmente en un éxito para León.
La noticia carecería de interés más allá de las fronteras leonesas, sino fuera porque resulta claro ejemplo de una forma de entender la política con apariencia de escaso rigor. La palabrería ha sustituido a la acción. Importa el mensaje y no lo que significa, la promesa creíble y no su cumplimiento.
El ministro de Industria, Comercio y Turismo, Miguel Sebastián, ha aclarado que una decisión comunicada por Presidencia del Gobierno unos días antes, por la que se suprimía de un plumazo uno de los proyectos estrella de Zapatero en su provincia, resultaba falsa y que todo era debido a un error de comunicación o administrativo. Nadie se lo ha creído, pero tal vez eso ya carece de importancia. Lo que sí resulta llamativo es que un asunto de tanta trascendencia, que atañe a la palabra dada por el propio presidente del Gobierno en su tierra, haya sido tratado con tanta frivolidad.
Rodríguez Zapatero se comprometió a financiar la construcción de un Palacio de Exposiciones y Congresos en León, que se asentará parcialmente sobre la vieja fábrica azucarera de Santa Elvira, en el entorno de lo que será la próxima estación del AVE.
El coste de esta obra está presupuestado en sesenta millones de euros, al margen de los terrenos que constituyen la aportación municipal. Treinta millones los aportaría el Estado y una cifra similar la Junta de Castilla y León.
El proyecto ha sido redactado por el arquitecto francés Dominique Perrault, con un presupuesto que se sitúa en torno a los seis millones de euros, en parte ya pagados. El Gobierno hasta ahora ha aportado 6,5 millones de euros, cifra que ha servido también para iniciar las obras de apuntalamiento del viejo edificio y la construcción de un centro administrativo, denominado Pequeño Palacio.
Todos estos proyectos, es verdad, se habían prometido en tiempos de euforia económica y no de crisis. Aún así, la Junta de Castilla y León, que debería aportar otros 30 millones, siempre se ha mostrado remisa a firmar el correspondiente convenio y a aportar su parte del dinero. Estas reticencias son habituales cuando se trata de proyectos compartidos. En unos casos la Junta critica que Zapatero realice compromisos de forma unilateral que después requieren también de financiación autonómica. Se recrimina a Zapatero utilizar con frecuencia el indecoroso método del "yo invito y tú pagas". En otras ocasiones, simple y llanamente, resulta conveniente retrasar obras e iniciativas con el fin de frustrar inauguraciones y medallas para el contrincante político.
En esas se estaba cuando Presidencia del Gobierno anuncia que suspende su aportación para la construcción del Palacio porque los tiempos no están para este tipo de proyectos, que hace falta dinero para el pago de otras cuestiones más perentorias.
La noticia cayó como una bomba en León. Era la primera gran promesa incumplida de Zapatero. Sorprendente sin duda la poca mano izquierda empleada, porque la rectificación fue presentada sin el paliativo método del aplazamiento.
La Junta estuvo ágil en el ataque a la contra y el consejero de Fomento, Antonio Silván, anunció públicamente que aportaría de inmediato su parte del convenio, 30 millones, si el Ayuntamiento quería. El órdago ha sido aceptado y desde Moncloa se ha rectificado, se ha dicho que fue todo un error burocrático y que el Consejo de Ministros del próximo día 20 de Noviembre aprobará la partida complementaria de 24 millones. Si la Junta pensaba que le iba a resultar gratis la bravuconada, se ha equivocado. Pero tal vez seamos unos mal pensados y el ofrecimiento no guardaba doble intención.
En fin, en todo caso la reacción de la Junta ha servido en esta ocasión para que un mal paso dado el pasado jueves por el Gobierno, al suprimir el Palacio de Congresos de su presupuesto, se haya convertido finalmente en un éxito para León.
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