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La tregua del capitalismo

Julián Ballestero - / /
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Los empresarios españoles proponen una tregua trampa en la aplicación de los sagrados principios del dios del capitalismo al que venían rezando todas las noches. El aplazamiento que plantean al Gobierno de Zapatero consiste en que, por una vez y sin que sirva de precedente (a no ser que les vuelva a venir bien) el Estado se convierta en financiador gratuito de las constructoras y otras sociedades en apuros, con el loable objetivo de obtener dinero barato y salvar así de la quiebra a quienes se han forrado como esquimales durante los años de bonanza.

De esta guisa, con el dinero de todos evitaríamos que los sufridos promotores tengan que deshacerse por cuatro perras del Mercedes, el Rólex, la mansión con cuadro en el retrete y el apartamentazo en primera línea de playa. Quieren que sea el ICO, el banco del Estado, el que sufrague la juerga para poder seguir vendiéndonos los pisos a precios de palacio. Con fondos públicos, claro, y con la excusa de salvar la economía y el empleo, por supuesto.

No tardando mucho llegará la banca a llamar a la puerta del mismo pesebre ante las arcas del Gobierno. Al estilo de los Estados Unidos, nos pedirán dinero a todos para poder prestárnoslo después a un suculento interés, como han venido haciendo en la última década para allegar beneficios de récord Guinness ejercicio tras ejercicio.

Una operación absurda, lenta y cara. ¿No sería mejor que el Gobierno nos prestase directamente el dinero a los impositores de los bancos, con el consiguiente ahorro de la parte usuraria de la transacción? ¿No resultaría más operativo que el Gobierno construyera directamente esas viviendas de promoción, a un precio asequible y con un ventajoso crédito del ICO? ¿Que eso no es capitalista? Pues que se nos aplique también la excepción. Café y tregua para todos.

Si rompemos la baraja, vamos a jugar a otro juego, pero todos con las mismas cartas. O capitalismo o socialismo.

Si rompemos la baraja, vamos a jugar a otro juego, pero todos con las mismas cartas. O capitalismo o socialismo. O Rólex, o setas. Lo que no podemos admitir es que con la excusa de la crisis, provocada por los bancos y las constructoras, los de arriba disputen la pelota con los pies y las manos y los de abajo sólo podamos golpearla con la cabeza. Eso no.

A todo esto, Bush ya ha dado el primer paso para sablear 700.000 millones de dólares a sus administrados. Algunos lo consideran el mayor robo del siglo. Otros pensamos que sólo servirá para retrasar el batacazo general que se atisba en el negro horizonte.

Los hombres del tiempo anuncian tormenta y lloverá ricino para que quienes han engordado con trampas purguen sus pecados. También para ellos llegan días de lágrimas y rechinar de dientes. Sólo les queda rezar ante los altares del capitalismo sin treguas.

 


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