Por la vida
Hay que promulgar una cultura de la vida que provoque en este país un nuevo modo de ver las cosas.
No me gusta que en mi país todas las iniciativas políticas que tienen que ver con la vida humana sean buscar la manera más rápida de acabar con ella. Estamos promulgando una cultura de la muerte que en nada favorece una España mejor.
En el caso de los ancianos, en vez de buscar la manera de la aplicación correcta de la Ley de Dependencia, en lugar de mejorar los servicios de paliativos de los hospitales, encontramos de una forma sibilina la aprobación de una eutanasia activa que evite los engorros de una población cada vez más adulta.
En cuanto a los niños ‘no deseados' que irrumpen en la vida de una pareja, mejor es acabar con ellos que darlos en adopción, que ayudar a la madre con problemas, que ir a la raíz de las situaciones que pueden llevar a un aborto. No es la interrupción voluntaria del embarazo, es el fin provocado de una vida, porque desde que el niño es cigoto hasta que cumple los 90 años, tiene las mismas señas de identidad. Hay que ser valiente y acercarse a las fotografías intrauterinas de un chaval de 16 semanas para casi reconocernos en ellos. Hay que promulgar una cultura de la vida que provoque en este país un nuevo modo de ver las cosas. Sí es que nos están abocando a un pesimismo radical sin sentido. Sí todos afirman que el aborto es un mal, si todos, de cualquier ideología, reconocen que no es la solución, por qué en España nunca se han puesto soluciones reales, económicas y valientes a esta situación.
Creo que estas semanas se empieza a comprobar que se ha acabado el silencio para muchos millones de personas que quieren que la sociedad en la que transcurren sus días sea una cultura de vida, por encima de todas las cosas. Si la mayoría de nosotros llegó a este mundo -al que pinta el anuncio de Coca Cola, o al que nos muestra la guerra con sus desastres- fue por una afirmación positiva de unos padres, la mayoría de ellos con más problemas que nosotros, con mayores dificultades y con menos optimismo. Pero valoraban la vida, sentían verdaderamente lo que era traer a este mundo a un nuevo ser. Solo hay que comprobarlo cuando una joven pareja decide tener un hijo cómo les cambia la vida, como aprenden a disfrutar de ella, a reordenar sus prioridades y a ser mejores.
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