Vigencia y eficacia de la corrupción
Para el corrupto basta con ablandar la voluntad de una persona: quien nombra la mayoría de la comisión o controla el pleno.
Podemos ponernos estupendos y rasgarnos las vestiduras por lo escandaloso del caso Boadilla. Podemos incluso echarle la culpa a los muflones de Garzón. Pero en el fondo todos sabemos que la corrupción en España mantiene el esqueleto de su vigencia, que las escasas condenas sólo destapan la punta de un iceberg de podredumbre y que el cohecho y la prevaricación constituyen todavía hoy, muy entrado el nuevo milenio, el aceite que engrasa la maquinaria de las administraciones. El ‘clan de los Correa' ha circulado por las mismas veredas que otros tantos políticos y empresarios ‘malayos', aprovechando los vericuetos de una ley de contratos forjada a la medida de los maleantes.
Se trata de un código de deshonor que nació con la democracia y no ha perdido eficacia con el paso de los años. Con la dictadura franquista resultaba más fácil: para comprar voluntades y dar pelotazos violentando las leyes valía con pagar a la autoridad competente. Ni la justicia, ni la prensa, ni ningún otro contrapoder limitaban la santa voluntad de los corruptos (de entrada, la ley se erigía sobre una suerte de corrupción institucionalizada).
Al llegar la democracia hubo que cambiar el sistema y se inventaron las comisiones de adjudicación de servicios, contratos, recalificaciones y planificaciones para camuflar el atraco y diluir las responsabilidades. Pero en esencia, estamos ante el mismo ‘modus operandi': al empresario le basta con untar el bolsillo del alcalde, el teniente de alcalde o el concejal/consejero del ramo. Basta con ablandar la voluntad de una persona: quien nombra la mayoría de la comisión o controla el pleno. El alcalde/concejal/consejero elige unos cuantos subordinados y amiguetes para sacar adelante sus adjudicaciones, y punto.
Una variante más sofisticada consiste en adaptar las condiciones del contrato, como un guante, a las medidas del seguro y generoso adjudicatario. Finalmente, los ‘grandes' de este negocio de la corrupción en el campo del urbanismo y los servicios combinan ambas estrategias.
Ha sido así desde que este invento de las autonomías y los ayuntamientos dio sus primeros pasos, sigue siendo así a pesar de que ahora está muy mal visto (antes se cerraban los ojos y ahora incluso alguno de los nuevos ricos, algunos de estos pijos del pelotazo, corre el riesgo de pasar unos añitos en chirona antes de disfrutar del Caribe) y seguirá siendo así mientras no cambie el sistema de contratación y composición de las comisiones que pueden hacer o no hacer rico a cualquiera. Para cazar muflones o jugar al golf, que lo mismo da.
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