Vuelve la Fórmula 1
Fernando Alonso siguió siendo un desconocido en su propia ciudad y paseaba sin ser reconocido por la gente cuando ya era piloto de Fórmula 1.
La precocidad de Alonso en el dominio del volante se remonta a 1985, cuando a los tres años corrió su primera prueba de karting, una especialidad que sirve, en algunos casos, para captar a jóvenes estrellas que aún no pueden competir en otras pruebas por no tener la mayoría de edad. Le faltaban nada menos que quince años. En 1988 ganó el Campeonato de Asturias en categoría infantil, repitiendo título al año siguiente, en el que también se adjudicó el campeonato de Galicia. Un año después saltó a la categoría de cadete y se proclamó campeón de Asturias y del País Vasco, mientras que en 1991 se alzó con el subcampeonato de España. Después, en 1993 y 1994, Alonso añadió a su palmarés dos Campeonatos de España Júnior consecutivos.
A los 14 años el asturiano hizo sus primeros pinitos más allá de las fronteras españolas también como júnior, al tiempo que se adjudicó el tercer puesto en el Campeonato del Mundo y el primero en el de España. En 1996 adornó su historial con otro Campeonato nacional, el Campeonato del Mundo y los trofeos Estival (Italia ) y Marlboro Grand Prix. El año siguiente, el ovetense realizó una buena temporada, alzándose con los Campeonato de España y de Italia en su categoría. Un año más tarde añadió a su vitrina los trofeos de París , el de la Industria (Italia) y el Open Ford, además de su victoria en el campeonato europea de Karting Inter-A. Estos extraordinarios resultados le permitieron en 2000 acceder al Campeonato de F-3000 con el Team Astromega.
Con sólo 19 años y sin patrocinadores que aportar al equipo, irrumpió en la Fórmula 1 con un coche sin opciones. Al recordar aquel pilotaje a un monoplaza, que más recordaba al «troncomóvil» de los Picapiedra que a los bólidos que compiten en los circuitos, el propio Alonso bromeó tras lograr su primer podio con Renault: «Adelanté a más rivales este año en una sola carrera que en toda aquella temporada».
Fernando Alonso siguió siendo un desconocido en su propia ciudad y paseaba sin ser reconocido por la gente cuando ya era piloto de Fórmula 1, pero no tardó en contar con el cariño y la admiración, primero de sus paisanos, y luego del resto aficionados del país.
No se podría hablar de la pasión de Fernando por el motor, sin relacionarlo con la afición de su padre, José Luis, a este deporte. El construyó el primer kart en el corrió su hijo, y serían compañeros inseparables hasta llegar al circo mundial. Recordaba su progenitor aquellos difíciles momentos cuando él trabajaba en una fábrica de explosivos y muchos viernes, al terminar la jornada laboral y su hijo el colegio, cogían el coche y emprendían el viaje a Italia, para participar en competiciones de karts. Eran tiempos de austeridad y exigencia que marcaron la formación deportiva y humana del joven piloto. «Eran años aquellos en los que afrontábamos competiciones en Italia en unas condiciones duras. Yo salía de trabajar en la fábrica de explosivos de La Manjoya -a las afueras de Oviedo- el viernes a las cinco de la tarde, cogíamos el coche y conducía durante toda la noche, con algún descanso para dormir un poco en el mismo automóvil, mientras Fernando iba dormido en el asiento trasero».
José Luis Alonso relata que cuando llegaban al lugar de la carrera se encontraban con «otros competidores que lo hacían en 'Porsche' o habían viajado cómodamente en avión», además de poseer el últimos modelo de mono o casco, mientras que Fernando tenía que «ahorrar dos años para comprarse uno que debía servirle para cuatro años».
Ese tesón le llevará sin duda a intentar conseguir, de nuevo con Renault, su tercer Campeonato del Mundo.
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