"No nos damos suficientemente cuenta de la belleza, importancia y trascendencia asombrosa que tiene nuestra lengua."
Tras publicar varios ensayos, y adentrarse en la ficción por primera vez con "Valcarlos" (Tabla Rasa, 2004), el vallisoletano Agustín García Simón (Montemayor de Pililla, 1953) publica ahora su obra más arriesgada, "Cuando leas esta carta, yo habré muerto" (Siruela, 2008), una colección de doce relatos en gran parte inspirados por su experiencia vital en Castilla
- Dice que su último libro, "Cuando leas esta carta, yo habré muerto", es fruto de la amistad. ¿Cómo han ayudado Luis Mateo Díez y Antonio Basanta en la edición del libro?
- Luis Mateo Díez y Antonio Basanta han influido de una manera determinante. Es verdad que es un libro nacido de la amistad, porque además de mi impulso personal de acercarme a la narrativa, el estímulo de estas dos personas fue determinante. Fueron ellos los que en un principio pensaron que yo podía escribir literatura, más allá de los libros de ensayo y de mi trabajo como editor y como hombre vinculado al mundo de las letras desde mi juventud. Y lo pensaron tan convencidamente que sus estímulos, su conversación y su amistad profunda me ayudaron a intentarlo, porque yo pensaba que la literatura era una cosa muy seria y no sabía si estaba preparado para escribirla. En ese sentido fue un reto que, por una parte, el curso personal, y por otra, la convergencia de una amistad de estos dos amigos muy queridos, ha producido este libro, cuyo resultados evidentemente serán los lectores los tengan que valorar.
- El libro está editado en Siruela y parece estar teniendo una buena acogida.
- Sí, está funcionando bastante bien. Yo creo que las expectativas de este libro, que eran razonables, han sido superadas por la realidad. Está funcionando muy bien: el eco del libro ha trascendido bastante más de lo que esperábamos; y la acogida, sobre todo por parte de los lectores, ha sido entusiasta. En ese aspecto estoy muy contento. El esfuerzo, que en literatura es siempre una forma de sufrimiento, ha sido compensado.
- ¿Cree que es una tarea difícil llegar al lector a través de la literatura?
- Yo siempre he escrito ensayo, y creo que es un mundo completamente distinto al de la literatura. Al mundo de la literatura se llega con una atracción después de un vínculo con la propia cultura, es un aprendizaje al que se llega de una manera trabajosa. Digo que se sufre escribiendo literatura porque mi experiencia me lo ha indicado así. Si no hay sufrimiento, si no hay disciplina, si no hay una conexión con algo que para ti sea la verdad literaria, no hay literatura. Esa conexión con la verdad literaria produce desazón, sufrimiento y verdaderamente, es una experiencia dura.
- ¿Considera que es entonces más sencillo abordar un ensayo que un texto literario?
- Yo creo que el ensayo exige un esfuerzo enorme, incluso los ensayos más hermosos, floridos, interesantes y trascendentes. Pero no tienen ese punto de misterio que desde mi experiencia produce la literatura. Creo que la literatura tiene un punto de misterio. Hay un momento en que concentrándote, poniéndote a trabajar, te das cuenta de que en una determinada tensión, a una determinada temperatura intelectiva, salen cosas. Y ese salir, ese parir cosas, es fruto de un sufrimiento y fruto de una tensión que no requiere el ensayo. Sencillamente, porque de lo que requiere el ensayo es de un esfuerzo, una acumulación, una erudición, un ordenamiento de ideas, una reflexión sobre ellas. Pero en la literatura hay algo que se escapa. Para mi es una experiencia nueva.
- A lo largo de tu trayectoria ha ejercido como periodista, ensayista, editor y novelista. ¿Con cuál de estas facetas se queda?
- Yo creo que la atracción por el mundo de las letras y de la cultura es algo global, es algo general. A mi me interesa la cultura como forma de realización personal inevitable. Por otra parte, también me interesa la cultura como forma de satisfacción de una curiosidad inmensa que yo todos los hombres tenemos en el momento en que nuestro cerebro se alimenta razonablemente y se ordena. En ese aspecto, la literatura me ha fascinado de una manera distinta al resto de disciplinas intelectuales. Pero esa fascinación no me impide apreciar la belleza del ensayo, ni la habilidad del periodismo, ni la enorme sugestión de la retórica. Creo que los antiguos y los humanistas en ese aspecto lo tenían claro. La cultura, en todas sus disciplinas, es hermosa en el momento en que es una forma de realización personal y de satisfacción de la curiosidad que nuestra razón nos exige en el momento en que la alimentamos. Es verdad que la literatura a mi me ha sorprendido por lo que tiene de trascendente en ese sentido de misterioso. Es probablemente la disciplina que tiene ese granito, ese punto de creación verdaderamente sorprendente. Las otras disciplinas no lo tienen tan claramente.
- "Cuando leas está carta, yo habré muerto" está publicado en Siruela. ¿Cree que el hecho de publicar con esta editorial le permite llegar a un público más amplio?
- Si, es evidente. "El ocaso del emperador Carlos V en Yuste" (ensayo publicado en 1995) fue un libro que me dio a conocer a un publico bastante general. Pero además tuvo dos acogidas gratas: por una parte un publico relativamente amplio y por otra los especialistas que lo acogieron con verdaderos elogios. Esa experiencia de "El ocaso de emperador", que fue muy grata, no tiene nada que ver con ésta. Realmente, "Cuando leas esta carta..." lo que ha producido ha sido una especie de pequeña ola con respecto a un publico bastante amplio. Me han llegado los ecos muy gratos y muy agradables de una gente que se ha interesado por lo que ahí se ha escrito. Y para mi es una experiencia nueva, comparada con el resto de mis libros y que evidentemente ha ido más allá de lo que anteriores ensayos me habían permitido. Incluso la novela "Valcarlos", mi anterior libro, probablemente porque estaba editado en un sello menos conocido que Siruela, no tuvo el eco que ha tenido este. El eco de "Cuando leas esta carta..." realmente es un eco sorprendente, grato, y bastante masivo para lo que yo estoy acostumbrado.
- Su editora en Siruela, Ofelia Grande, afirma de usted que hace "algo diferente a lo que están escribiendo autores contemporáneos". ¿Cómo percibe la obra de estos autores?
- La verdad es que sería un poco pretencioso por mi parte hablar de la literatura española actual, aunque me lo han preguntado muchas veces. Soy un gran lector, pero un voraz lector de todo aquello que me interesa. Y a mi me interesa todo. Mi espectro de curiosidad es absolutamente todo. Me interesa la ciencia, la literatura, el ensayo, el arte, la historia especialmente. No tengo campos que me interesen muy poco o nada. Es verdad que tengo mis aficiones y mis preferencias, pero yo creo que el saber y la cultura es un todo. Y debemos tratar de acceder a ese todo, en la medida de nuestras pequeñas posibilidades. En la literatura española en la actualidad hay un porcentaje de libros innecesarios, como decía José Ortega y Gasset (se refiere a su cita: "la obra de caridad más propia de nuestro tiempo es no publicar libros superfluos"). Y eso es una lástima porque indica que el mercado esta bastante degradado con respecto a una materia, la escritura y la literatura, que debería ser algo mas alta y algo mas exigente. Desconozco bastante lo que se está produciendo en la actualidad en la narrativa. Yo, que soy un bibliófilo y un visitante de librerías bastante compulsivo, me doy cuenta de que el mundo de la literatura actual no me atrae, no me llega. Me parece que son mundos bastante superficial, muy someros. Yo creo que la literatura debe ser otra cosa. Debe ser el arte de la apalabra, pero el arte de la palabra que llegue a su colmo. Es decir, conseguir que el lector no se mueva de las páginas que está leyendo. Y cuando eso se produce, hay literatura. Ahora mismo eso no lo veo en el mercado. Probablemente Ofelia lo que quería decir cuando decía y dice que mi libro es una forma distinta de hacer literatura es que sencillamente ha visto que en el libro hay un trabajo bien hecho, en el sentido del arte literario, y que probablemente el arte de la palabra que ahí se ha tratado de pergeñar llegue a lector de la manera y fin que tiene que tener la literatura. Es decir, las páginas de mi libro probablemente lleguen al lector de tal manera que el lector no puedas hacer otra cosa que continuar leyendo y disfrutando de esas páginas. Creo que en ese aspecto si se consigue eso la literatura existe.
- En cualquier caso usted reniega del tipo de literatura que se produce de forma masiva, como si de una fábrica se tratase.
- Absolutamente. Yo creo que la literatura debe conseguir su fin de una manera inspirada, trabajada y exigidamente rigurosa
- Más artesanal.
- Por supuesto. Si esa literatura no pasa por la exigencia, por la disciplina, por el rigor, por la destilación absoluta de la palabra, se convierte en un producto comercial más o menos llevadero pero que probablemente carecerá de la función de la literatura.
- No obstante, de entre todos esos autores contemporáneos, ¿hay alguno que destaque en su opinión?
- Me gusta mucho Luis Mateo Díez, que es amigo mío. Me parece que está en uno de los momentos estelares de la literatura española. Pero corro el riesgo de empezar a citar y dejarme en el tintero a algunos amigos. Y me parece que salvo Mateo Díez no debería decir más. Por prudencia y porque me podría olvidar de algunos amigos.
- ¿Cree que hay buenos escritores en Castilla y León?
- Creo que en nuestra región, que es el núcleo de la Castilla histórica, lo que hay es una tradición cultural profunda y esencial, que se nota no solamente en la tradición educativa sino también en el sentido de la lengua. Y ese sentido de la lengua no es baladí, no es ninguna tontería. Es decir, es un peso enorme, fecundo, elevado, que impregna la cultura de los castellanos. Y eso se nota en la cantidad de escritores de calidad que hay, en la cantidad de profesores de talento que hay, y en la cantidad de hombres de letras que hay realmente en Castilla y León. En nuestra región hay muchas personas vinculadas con la cultura verdaderamente importantes, verdaderamente talentudas, rigurosas e impregnadas por la lengua española, que es nuestro gran tesoro. De eso no tengo ninguna duda. No es ninguna casualidad. Entre los escritores de Castilla y León, los profesores de Castilla y León -porque en nuestras universidades y en nuestros colegios hay grandes profesores- hay gente de fuste, hay gente de calidad. Yo creo que eso tiene que ver, por una parte por la tradición cultural castellana, que es evidente, desde la Edad Media hasta hoy, y por otra parte, por el sentido de la lengua española. Tenemos un tesoro que está pesándonos, pero no solamente pesándonos, sino que nos esta ahormando, nos esta haciendo. Y probablemente la crítica y defecto que nos debemos plantear es que no nos damos suficientemente cuenta de la de la belleza, importancia y trascendencia asombrosa que tiene nuestra lengua. Pero no es casualidad que en Castilla y León haya grandes escritores porque la lengua que tenemos es uno de los grandes tesoros universales. Es evidente. Yo creo que hay un efecto un fenómeno de causa efecto con respecto a nuestra lengua.
- ¿Cree que Castilla y León siempre ha tenido a la lengua española en tan buena estima?
- Creo que la tradición lingüística en Castilla ha permanecido con bastante pureza y bastante rigor en la transmisión generacional hasta la fase de industrialización. Creo que a partir de los años 70, cuando la industrialización prácticamente ya ha conseguido cambiar el tejido incluso en regiones tan atrasadas como la nuestra, se produce un fenómeno de aculturación que afecta a la lengua. Pero por mi propia experiencia me atrevo a decir que hasta mi infancia, hasta los años cincuenta y sesenta, la transmisión de la lengua castellana en los pueblos de Castilla ha sido bastante pura y bastante rica. Es más, pese a ese fenómeno actual de desleírse la lengua en un mundo donde los contactos y los elementos mundializadores desvirtúan esa pureza de transmisión, ahora mismo hay muchos pueblos de Castilla donde en una determinada edad de las personas se puede rastrear la pureza, la riqueza y la belleza de esa lengua. En América están conservando bastante mejor la lengua que nosotros, en el sentido de esa pureza y de esa riqueza, probablemente porque estamos en Europa creo que la estamos descuidando bastante mas. Pero la lengua en Castilla creo que se mantiene razonablemente bien y su uso es razonablemente agradable y bonito de escuchar.
- ¿Hay que hacer algo más por defender esa lengua?
- A mi me parece que para defender la lengua no hay que hacer leyes especiales. La ley fundamental de la lengua es el uso, y todos los hablantes son los soberanos de la lengua siempre. No hay leyes que conformen, determinen, o cambien la lengua; y cuando se intenta, lo sabemos por los procesos históricos, muchas veces les sale el tiro por la culata. Muchas veces la normalización acaba produciendo efectos verdaderamente siniestros y efectos que no tienen nade que ver con el interés político o en todo caso artificial. Ahora bien, a mi me parece que más que leyes o cuidados especiales lo que hay que hacer es conseguir por todos los medios, y en este sentido en España estamos llegando a un limite de catástrofe es el cuidado de la educación. Si esa educación es de calidad, la forma de hablar y el uso de la lengua de los hablantes adquiere inevitablemente una calidad y un uso mucho mas esmerado. Es decir, si hay literatura en la escuela, en los colegios, en los institutos, si hay historia, si hay griego, si hay latín, si hay un sentido de la tradición cultural... todo eso conforma una forma de saber y un instrumento educativo que permite que la lengua se depure y sea un instrumento exigente de comunicación y de belleza.
- ¿Puede la lengua desvirtuarse?
- Claro que se pierde, evidentemente. Si no nos instruimos, si no conseguimos mediante la educación que los niños, los jóvenes, los universitarios, adquieran conocimientos del instrumento fundamental que nos separa de las bestias, la lengua, evidentemente corremos el riesgo de ir para detrás, no para delante. Los hombres somos la palabra, somos el lenguaje. La única diferencia que tenemos con respecto a los animales es la palabra, el entendimiento, que a través de la palabra se manifiesta. Es patético cómo en nuestros jóvenes la reducción del lenguaje se esta convirtiendo en un fenómeno que muestra ese no proceso ser hombre. Para salir de la animalidad lo primero que tenemos que tener es un instrumento, que es nuestra lengua y que nos permita aflorar nuestro conocimiento y nuestra razón.
- ¿Cómo cree que se ha tratado en la literatura a Castilla, referente en su obra?
- Castilla como ente, como sociedad y como economía es una de las cosas más atractivas de la cultura española. Por su paisaje, por su luz, pero fundamentalmente por su lengua y fundamentalmente por la perspectiva y el brillo que le ha dado esa lengua a su cultura y a su tradición. Culturalmente, Castilla ha sido capaz de crear una civilización, América no es ninguna tontería. Cuando uno viaja a América y ve lo que allí dejaron los españoles, que fue una huella eminentemente castellana, uno queda verdaderamente sorprendido. Castilla es uno de los primeros estados europeos, en el sentido sociopolítico, de formación social y económica, y eso es una cosa determinante. Además de eso, el atractivo de Castilla culturalmente ha llegado a casi todas las disciplinas, lo tiene todo. Tiene un paisaje realmente atractivo, por su dureza, por su misticismo, pero también por su belleza arrebatadora: la luz castellana ha atraído a todos los pintores del mundo. Y luego la cultura castellana y la historia castellana tienen un atractivo muy especial. Aquí se han producido una serie de fenómenos y de hechos que a diferencia de otras regiones españolas han sido capaces de trascender universalmente. La literatura castellana desde la primera manifestación de la novela universal en "La Celestina" hasta la novela picaresca, eso es una cultura, una cultura universal. Eso tiene un atractivo, un brillo, una trascendencia extraordinaria. ¿Cómo no nos va a atraer eso, si es fundamental? Lo que tenemos que hacer como castellanos es ser consciente de nuestra cultura, de nuestro pasado y de su belleza y trascendencia. Y quererlas y defenderlas e iluminarlas en nuestro entendimiento y nuestra literatura. Ese es nuestro oficio como castellanos.
- Siempre se ha tenido la idea de que Castilla y León es una región áspera, cruda e incluso anclada en el pasado. ¿Cree que esta imagen se corresponde a la realidad?
- Creo que es el gran tópico de Castilla, ha hecho mucho daño. Ahora mismo a Castilla no se la ve exactamente como la vieron en la Generación del 98, con todos esos tópicos que sugieres. Pero es verdad que a Castilla y León se la sigue viendo por buena parte del resto de las regiones españoles con una visión un tanto negativa, una visión yo diría que hasta de desprecio. Esto es muy triste porque indica un desconocimiento tremendo, y sobre todo una anormalidad en el entendimiento de la historia de España. Aunque es verdad que cuando la gente llega a Castilla y la descubre, la ve, la goza y la estudia, las cosas cambian. Pero desgraciadamente yo creo que a Castilla se la sigue viendo con bastantes prejuicios, lamentables en muchos casos.
- ¿Cómo cree que ha cambiado Castilla y León?
- Muy lentamente. La nuestra es una región muy necesitada de infraestructuras y sobretodo de plataformas que sean capaces de generar riqueza. En ese aspecto creo que a la región le falta mucho por hacer. Y sobre todo tiene un problema gravísimo que debemos afrontar, la despoblación. Si no somos capaces de afrontar el problema de la despoblación en Castilla y León nuestro futuro esta en jaque. Creo que ese es el más importante y principal de los problemas que tenemos ahora planteados. Y dentro de ese principal problema hay un problema sangrante que es el problema de nuestra juventud. Tenemos que poner freno inmediato a la sangría que supone que nuestros jóvenes, unos de los mejor preparados y mejor formados de España, se vayan a otras regiones.
- Queda claro entonces que hacen falta fuentes de riqueza. ¿La explotación de la lengua puede ser una de ellas?
- Yo creo que si. Tal y como están las cosas ahora mismo la lengua española es un potencial generador de riqueza. Sin duda alguna. Por las relaciones internacionales, globales, mundiales, por el valor de la cultura como transacción, por el valor de la cultura como turismo, por el valor de la cultura como intercambio internacional... Estoy convencido de que bien administrada y planteada puede ser un gran foco de riqueza. Sin duda alguna.